CIUDADANOS DE TERCERA CLASE
Últimamente, en todos los medios de comunicación visual y escrita, nos informan de la llegada de numerosas personas, que por diversa vías de acceso, llegan a nuestras costas y a nuestras ciudades, en busca de una mejor situación y calidad de vida.
Empezamos a ver la diferencia, incluso en la forma de llegada, algunos acuden ocultos en barcos, camiones, otros en aviones con billete de ida, otros, con más suerte, con contingente y otros, los que más me preocupan, llegan en barcos construidos a mano, denominados ?cayucos?.
Me pregunto yo, ?cómo debe sentirse una persona, para abandonar sus raíces, su historia, vínculos culturales, sociales, familiares y emprender un viaje tan inseguro, arriesgado e incierto, como para jugarse la vida en el camino y seguramente, echar por tierra las ilusiones de un proyecto de mejora?
Soluciones, desconozco cual o cuales son las soluciones, pero tengo claro que levantar muros más altos, reforzar los efectivos policiales, firmar acuerdos interterritoriales de repatriación, no vayan a solucionar dicha realidad social. Ello, sólo paliará lo que nos preocupa que es su llegada, pero no cortará el problema de raíz. Nunca llegará a responder a la cuestión de fondo que subyace. ?Por qué vienen? ?De que están escapando? ?Qué están buscando?
Algunos de ellos tienen suerte, las leyes y la justicia, les conceden el privilegio, de autorizarles a residir y/o trabajar en Espa?a. ?No es el trabajo un derecho y un deber reconocido en nuestra Carta Magna, nuestra Constitución de 1978?
?Quién puede tener capacidad para decidir si una persona puede o debe trabajar, o incluso, donde está la libertad individual, de poder fijar residencia y vínculos donde a cada uno le plazca?
En muchos foros y discusiones, se habla de que las personas de origen extranjero, están quitándonos nuestros puestos de trabajo y yo, que estoy en medio de la vorágine de programas de inserción para el empleo, constato y me creo con autoridad para constatar, que eso no es cierto. Analizando el acceso a los trabajos de muchas personas de origen extranjero, me doy cuenta que asumen, mayoritariamente, puestos de trabajo que nosotros, los espa?oles de derecho, rechazamos, o por diversos motivos, no los podemos llevar a cabo.. Buena cuenta de ello, es que están trabajando en nuestros domicilios, haciéndonos la limpieza, planchándonos las camisas, cuidando a nuestros hijos o a nuestras queridos padres o familiares, o en el mejor de los casos, pueden ?huir? del servicio doméstico, como actividad laboral desregularizada y desprestigiada y pueden acceder a tareas de peonaje en general en gremios de construcción, agricultura, etc.. No es la primera vez que me solicitan los trabajos de una persona para trabajar en servicio domestico, con carácter de interna (a modo de ?chacha? o ?criada?, tan sólo por la comida y la habitación. ?Ha quedado claro que la época de esclavitud se abolió hace ya unos cuantos a?os...?
Hablo de ciudadanos de tercera clase, ya que si para cualquier espa?olito, el tema de vivienda es difícil, ni que decir, tiene el acceso a una vivienda de estas personas. Es curioso ver como, con llegada de inmigrantes y el boom inmobiliario, algunos han visto el negocio del siglo, alquilando habitaciones generosas de 9 o 10 metros cuadrados, por el módico precio de 250 euros..., las entidades financieras lanzan productos estrella de microcréditos, etc.... ?Quién nos dijo que la inmigración no es rentable?
Quiero aprovechar este espacio, para poner en práctica, algo que repetidamente estudié en Trabajo Social, que se llama empatía. Defino la empatía, como la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Os animo a que ejercitemos esta cuestión, y pensamos, que haríamos si por cuestiones políticas, económicas sociales, tengamos que abandonar nuestro trabajo (que de alguna manera nos garantiza el acceso a unos mínimos de calidad de vida y protección social), nuestra casa, familia, costumbres, las vacaciones (en la playa o monta?a, aunque sea de una semana en casa de un familiar o amigo) y nos embarcáramos en un viaje donde sólo tienes el billete de ida, que no garantiza la llegada y mucho menos la vuelta? Os lo aseguro, las personas no rompen con todo por las buenas, existe una razón de peso para ello.
No pretendo hacer demagogia, sólo pongo en tela de juicio nuestro comportamiento. Desde peque?o en mi familia he oído siempre, ?no hagas lo que no te gustaría que te hicieran?, por favor, incluso desde el punto de vista egoísta es rentable modificar nuestro comportamiento insolidario, inhumano y xenófobo y ofrecer una posibilidad de cambio a alguien que de verdad ha empezado a ser el protagonista de su historia. O es que acaso ?nos da miedo lo desconocido, nos movemos ignorantes por lo que nos cuentan, darnos cuenta que lo nuestro no es lo mejor en términos absolutos y podemos aprender de otras culturas, pensar en que todo el mundo busca lo mejor para si y para los suyos?
Yo, particularmente ya me he inmerso en esta cuestión y os invito a todos aquellos a que dediquéis tan sólo dos minutos a pensar en este tema, y si se os ocurren soluciones o alternativas, juntos podamos empezar a dar peque?os pasos para llevarlas a la práctica. No digo que sea fácil, pero nuestro mundo y nuestra sociedad se lo merece.
Alberto . Centristas.org (Zaragoza)

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