EL ESTADO Y LA ÉTICA DEL CREYENTE
FUGA HACIA LA LIBERTAD
La gente mentalmente libre y crítica nacida en España, se suele fugar a otra cultura, porque la nuestra no inspira confianza ni "garantías legales" de ningún tipo. Es una cultura que no ama ni la diversidad, ni es comprensiva hacia la disidencia, ni ofrece real libertad de opinión, ni siquiera es "tolerante" como proclama (más que tolerancia lo que necesitamos todos es comprensión y aceptación)... "En España, lo que se paga no es el trabajo, sinó la sumisión" (Pio Baroja, 1872-1956, escritor y médico). Es una sociedad bribona y con pocos escrúpulos, donde se prima la sumisión y el rastrerismo a los intereses creados, aunque sean monstruosos. Donde la norma es callar y a ser posible sacar tajada o enchufe.
"Amo la Libertad, y la amo más
a medida que conozco mejor
la sumisión del pueblo a la esclavitud,
a la opresión y a la tiranía,
y a los horribles ídolos del pasado
que brillan, lustrados por los resecos labios de los esclavos.
Pero, en este amor por la Libertad,
también amo a aquellos esclavos,
porque ciegamente besaron los morros de bestias feroces,
en calma y bendita inconsciencia,
sin sentir el veneno de las víboras
y cavando, sin saberlo, sus tumbas con sus propias uñas"
(Jubran Jalil Jubran, escritor y artista libanés emigrado a los Estados Unidos).
EL PAPEL DEL ESTADO.
El Estado es siempre la fuente del mayor número de desastres a lo largo de la historia: guerras, genocidios, torturas, sistemas carcelarios, corrupciones, compraventas. ... Los expertos en polemología (guerras y conflictos) afirman que por cada muerto causado por terrorismo o guerrillas hay unos diez mil causados por guerras de ejércitos regulares, es decir, de Estados. El terrorismo puede ser muy criminal, dramático y cruel, pero en realidad son las guerras de los pobres, mientras que las guerras son el terrorismo de los ricos y poderosos (de los Estados), que es como terrorismo a producción industrial. Aquí nos preocupa más el terrorismo porque, como ricos, no suelen afectarnos las guerras, que las sufren otros, pero allá donde hay guerra seguro que notarán la diferencia:
"Mientras el Holocausto en su totalidad permanece singular, los elementos que preparan un hecho así me golpean cada vez más como una cosa cotidiana. Entre estos elementos normales constitutivos incluyo la gran mayoría de quienes perpreten hechos así. En la sociedad moderna, los gobiernos tienen un poder enorme para legitimizar. El racismo social que se expande y el efecto polarizador de la guerra, especialmente la guerra racial, deshumaniza al otro, al enemigo y lo hace terriblemente vulnerable. La complejidad de la moderna sociedad, con su burocratizació n, especializació n y división del trabajo, diluye el sentido de responsabilidad personal. En todas partes, la sociedad condiciona a la gente a respetar y a aceptar la opinión de la autoridad. La carrera profesional y la ambición utilitaria no son monopolio de ninguna cultura. Y en todas partes la presión miope de la masa sin conciencia autónoma- asienta las normas "morales". En tales circunstancias, ¿qué gobierno moderno que ha querido cometer asesinatos en demasiados ha fallido a cometerlls por falta de ejecutores?" (Christopher Browning , profesor de la Universidad Luterana del Pacífico, Tacoma, Estados Unidos, mencionado en el Museo de la Casa de Anna Frank, Amsterdam, Holanda).
La mentalidad española es ésta: "A quien Dios se la da, San Pedro se la bendiga" (Refrán dónde se sobreentiende "San Pedro" por Jerarquía Católica y a "quién" por el tirano de turno que le dé contrapartidas materiales).
"El cristianismo ha sufrido una deformación causada por su adaptación al reino del César, se ha arrodillado ante la fuerza del Estado y se ha esforzado por santificala (Nikolai A. Berdiaef, 1874-1948, pensador ruso). "El Estado moderno es radicalmente anticristiano; no ha sido anticlerical sino el tiempo justo para obtener, mediante este chantaje, vuestra (=de las iglesias) neutralidad benévola. No puede desagradarle de ninguna forma que forméis feligreses estrictamente encuadrados, fuertemente disciplinados, dóciles a vuestras instrucciones, avezados a cualquier cambio de frente, con una filosofía muy genérica sobre la política, raramente aplicable a casos concretos y capaz, por lo contrario, de justificar cualquier concesión hecha en aras del Mal Menor, (filosofía) de entrada absoluta, pero oportunista en la práctica. No espera ya destruir el cristianismo, o, cuando menos, reconoce que la empresa será mucho más larga y difícil de lo que habían imaginado los demagogos. Mientras tanto, y atendiéndonos a pasadas experiencias, tened la seguridad de que no perderá el tiempo en molestar a ciudadanos tranquilos, respetuosos, que al fin y al cabo sólo piden que los toleren la práctica de su religión, uno de los preceptos de la cual es la sumisión al poder establecido. Más todavía que sumisión: amor. El Estado es amado. Tanto, ¡ni lo pedía! (Georges Bernanos, 1888-1948, escritor francés).
La ideología del Estado no me parece éticamente nada fiable. Es el mundo del César, opuesto al de Cristo. "Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros" (Marcos 10:42-43).
No podemos santificar a ningún Estado porque nunca son nada santo, sino más bién todo lo contrario. "Ahora, por el contrario, luchamos contra un perseguidor engañoso, contra un enemigo adulador, contra el anticrist Constancio. Este...no nos encarcela para liberarnos, sino que nos honra en sus palacios para esclavizarnos; no aplica el tormento, pero tiene dominado el corazón; no corta cabezas con la espada, pero mata el alma con el oro...No combate para no ser vencido, sino que adula, para dominar. Confiesa a Cristo, para negarlo; se preocupa por la unidad a fin de que no haya paz; reprime las herejías para que no haya cristianos; honra a los obispos a fin de que dejen de pastorear; construye iglesias para destruir la fe" ("Liber contra Constantium imperatorem", una de las más lúcidas y contundentes denuncias contra el cesarismo clerical de los gobernantes, 360, Hilari de Poitiers, obispo. Notemos que el franquismo hizo exactamente esto durante la época nacionalcatólica) .
SUTIL LIBERTICIDIO OFICIAL.
En España no hay cultura de la libertad sino del liberticidio. Incluso cuando la hay -en parte-, te la presentan como "graciosa concesión" venida de los de arriba (que no tienen precisamente una trayectoria liberal, que digamos), te la "conceden" con cuentagotas, como caramelos a unos niños o a subnormales "dificilillos" , como el conde que da una limosna al siervo, como si hubiese demasiada y fuera peligrosa, siempre perdonandonos la vida a los que la pedíamos por higiene mental. Es el típico paternalismo nazionalcatólico.
No, no es eso: eso es sólo nuevas formas más "modernas" y disimuladas de autocracia política inyectada brutalmente en la mente colectiva via medios de comunicación.
"La noción de que la iglesia, la prensa, y las universidades deben servir al Estado es esencialmente una noción comunista (o totalitaria) . En una sociedad libre estas instituciones deben ser totalmente libres que es decir que tienen la función de servir como cheques sobre el Estado" (Alan Barth, 1906-1979, periodista estadounidense) .
Pero en España nada más normal que la fornicación Estado-Iglesia, de la cual los más de 300 años de Inquisición es uno de los hechos más conocidos, pero seguramente ni siquiera el peor. La mentalidad española, modelada por todo ello, no ha abandonado el totalitarismo de fondo, por más que se revista de democracia y modernidad de diseño.
CORRUPCIÓN DERIVADA.
Ahora mismo estamos en el barro mediático y ético, muy bién ejemplarizado por las bolsas negras de basura con billetes de 500 euros de comisiones ilegales de que se habla en la "Operación Malaya":
"Creo que los inmortales (dioses) quieren que todo siga así, porque ahora no...piensa nadie más que en el oro...Los dioses, olvidados a los templos...como castigo a nuestra impiedad, los campos permanecen estériles...no nos atrevemos ni a elevarnos al conocimiento de las artes inventadas en otros tiempos: detractores de lo antiguo, no conocemos más ciencia que la disolución..." ("El Satiricón", Petronius, contemporáneo a los apóstoles, cónsul galo y "arbiter elegantiarum" de la Corte de Nerón, relata la corrupción de la Roma imperial, s. I).
DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS BARROS
Somos un caso único en muy gran medida porque aquí la Inquisición tuvo un poder omnímodo durante casi 350 años. No existe caso parecido en todo el mundo de un organismo político-religioso tan poderoso y persistente en el tiempo, capaz de quemar a disidentes y confiscarle los bienes, de prohibir taxativamente leer determinados libros, e incluso de censurar la historia, etc. Después de eso nos quedamos en encefalograma plano, muy atrasados respecto a otros países occidentales. Y así seguimos, sobre todo en mentalidad colectiva. La gente, por miedo a que le acusaran de leer "libros prohibidos", ni siquiera mostraba interés por aprender a leer o en temas científicos (así fue el atraso y la decadencia españoles: por la persecución del libre pensamiento) . La Duquesa de Medinasidonia afirmaba que sólo en España la investigación o la inteligencia es tenida por sospechosa, peligrosa, enemiga, no en el resto del mundo occidental, dónde se percibe como poder de creación y progreso. "Spain is different". Y una diferencia que no hace ninguna gracia.
El mismo caso de prohibir partidos políticos que cuentan con mucha base popular (aunque no compartamos su ideología ni mucho menos sus conexiones con grupos terroristas) lo han hecho en el País Vasco, pero los ingleses nunca lo hicieron en Irlanda del Norte. Esas prohibiciones, eliminando el derecho a voto a muchos miles de ciudadanos, queda fuera de la democracia homologable. Si alguien ha cometido un delito de violencia o de lo que sea, se le debe castigar, pero no privar del voto a ciudadanos que simplemente piensan de determinada manera. Se trata, en realidad, de pucherazo rampante revistido de otras excusas.
Este es un caso entre muchos. La cultura española no es europea, es otra cosa, algo sólo periféricamente europeo: una careta, un maquillaje, un paripé para aparentar. Algo fuera de la igualdad y del respeto mutuo, por desgracia, en la COPE o en los medios se percibe la punta del iceberg, lo ves en el cotilleo obsesivo diario, en la poca estima por la cultura y la tolerancia. Por eso puede resultarnos muy ajena, muy opresiva, muy negra por más que se vista de colorinches y de olés: maquillajes y ruído para acallar los sollozos de los oprimidos.
LA PALABRA DE DIOS Y LA POLÍTICA
Por otra parte, si miras la Biblia te das cuenta que la política y política de total actualidad, aparece por todas partes. No se trata de ningún "invento" mío: anda llena de reyes, conspiraciones, ataques militares, profetas que denuncian la injusticia, liberaciones de un pueblo oprimido (Israel en Egipto, Esther, Déborah...) y muchas cosas más por el estilo. Al mismo Jesucristo lo condenó un complot entre el ocupante romano y la oligarquía religiosa judía que tenía interés en acallar una voz de denuncia espiritual que ponía en entredicho su poder corrupto, su falsedad -por la manipulación de la autoridad humana. Los ataques (ataques, y nada "suaves", por cierto) de Jesús siempre van dirigidos contra: "fariseos, saduceos, escribas", es decir contra el poder religioso en sus versiones integrista fariseos-, contemporizadores con el poder de Herodes y la helenización, es decir "colaboracionistas" saduceos- y burócratas del sistema escribas).
Los profetas siempre atacan la corrupción, la decadencia, la opresión y la injusticia, lo cual les vale a menudo el ostracismo, la hostilidad, la persecución e incluso la muerte. No son comprendidos por sus contemporáneos ni por sus connacionales, esto es algo que siempre se repite y parece inevitable.
LA PRUEBA DEL ALGODON
Naturalmente, si hablas de injusticias, corrupciones, falseamientos o cosas parecidas, tienes que referirte a la actualidad, no tendría sentido que te refirieras a épocas pretéritas en las que no se puede interactuar, sería como un brindis al sol.
"La Iglesia permanecía muda, cuando había de haber gritado... La Iglesia reconoce haber sido testigo del abuso de la violencia brutal, del sufrimiento físico y psíquico de un sin fin de inocentes, de la opresión, del odio y del homicidio, sin haber levantado su voz por ellos, sin haber encontrado los medios de acudir en su ayuda. Es culpable de las vidas de los hermanos más débiles e indefensos de Jesucristo" (Dietrich Bonhöffer, pastor y teólogo evangélico y mártir antinazi, en "Ética", conjunto de notas de la prisión, 1943).
Sería bueno que nos preguntásemos sinceramente a nosotros mismos: de haber vivido en el III Reich, cuántos de nosotros hubiéramos levantado la voz por los judíos y demás perseguidos (os recuerdo que las iglesias oficiales prácticamente no protestaron nunca, incluída la católica que sólo matizó que "no estaba de acuerdo con el antisemitismo nazi por ser racista" -consideraba que el antisemitismo de base religiosa contra los judíos SÍ estaba justificado, pero no el racial). Eso sería muy esclarecedor, más teniendo en cuenta lo que imponía el Estado alemán y lo dóciles que fueron las instituciones eclesiales. "Ahí te quiero ver"..., que dicen.